14 de Junio de 2021 Director Antonio Martín Beaumont

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El arte de forrarse con la estupidez humana

Las redes sociales se han convertido en una máquina de crear monstruos

| Ely del Valle Opinión

Hay un youtuber de nombre Andy Asian que ha conseguido 16.000 dólares en una sola noche por el sencillo método de colocar una cámara en su habitación y habilitar una serie de comandos con diferentes sonidos, todos ellos muy molestos, para que al pulsar cualquiera de ellos, eso sí: previo pago de una cantidad de dinero, sus seguidores disfruten impidiéndole dormir.

Llámenme desfasada, pero la memez me parece supina, no tanto por el ingenioso Andy como por sus fieles seguidores que en conjunto no deben sumar más de cuarto y mitad de neuronas.

Hasta hace unos años, tampoco tantos, para conseguir esa cantidad de dinero había que pelarse los codos para conseguir un trabajo en el que dejarse la piel. Ahora no; ahora te abres una cuenta en Instagram, enseñas el culo, pones morritos o te presentas como hijo/a de famoso/a y ya puedes empezar a acumular un capitalito.

Las redes sociales, que en principio y como concepto, no eran una mala idea, se han convertido en una máquina de crear monstruos que bajo las pomposas denominaciones de youtubers e influencers atentan a diario contra el buen gusto, la educación y unos valores que, por lo visto, están de capa caída, porque ya me explicará alguien qué ejemplos aportan y que “influencia” pueden ejercer personajes como la hija de Guti o ese horror conocido como Esty Quesada.

Que sí, que nadie les quita el mérito de estar consiguiendo forrarse a cuenta de la estupidez humana, pero no me digan que ante noticias como la del tal Andy no se les abren las carnes al pensar que una enfermera en nuestro país gana de media 1800 euros mensuales brutos. A mí sí.